
Todo se detiene súbitamente, las gotas de lluvia aún vibrantes centellean paralizadas en el aire, las formas del viento han quedado congeladas en mi ropa, y mis lágrimas cristalizan en mi rostro rasgando mi piel. Solo tu voz quebrada fluye entre el caos sumergido... "¿Qué te ocurre?"
Pero no puedo responder... mis labios están sellados a la verdad que encierran, y mi cordura toma las riendas y decide que no es el momento ni la presencia adecuada para hablar, pero mírame a los ojos, mírame cuando preguntes y no escuches mis palabras, descubrirás una mirada esquiva, vacía, gritando en silencio un dolor insoportable para un alma torturada.
Y aun sabiendo que el infierno se apodera de mi interior, no busques verdugos, no busques culpables, lo tienes frente a tí... un ánima que prefiere un sufrimiento eterno a reconocer su debilidad... sí... porque eso es lo que soy, un ser débil deseando desvanecerse, pero demasiado cobarde para tomar dicha decisión...
El tiempo reanuda su marcha, la lluvia vuelve a fundir mis lágrimas que se derraman ahora por mis labios, el eco de tus palabras resuena ahora en mi mente y te puedo ver llorar...
No para de llover...
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