
Niebla inunda de forma virulenta una noche cálida de un verano tardío, los que antes disfrutaban del baño de la luna se ahogan en un océano de lágrimas. Y es ahora cuando yo, antaño rey de lamentos no merecidos, me elevo sobre el resto de los mortales y los someto a mi propio juicio, inscribiendo según mi criterio a todos y cada uno en mi libro de la vida, cuyas páginas planeo dejar en blanco...
Nada ni nadie se merece sobrevivir, todo ser poblador de mi realidad debe ser fulminado sin miramientos, la guadaña de la muerte sostiene ahora el poder divino, poder liberado de mis propias manos. Pues... ¿Que soy si no un dios para mí mismo? ¿Acaso crees que tu voluntad sirve de algo en mis dominios? Atrevete a meter las zarpas... y terminarás sin brazos... atrevete a lanzar malas miradas... y terminarás ciego... atrevete a maldecir algo... y seré yo quien te arranque la lengua...
Ah... y no es una amenaza... si no una sentencia...
...del que la locura será dictadora...
...y yo verdugo...
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