
Camino entre la niebla con la única compañía del sonido de mis pasos resonando entre los árboles. El sendero se retuerce y cruje bajo mis pies y el cielo algún día azul ahora luce un vestido de seda gris. Sigo caminando... el aire congela mis lágrimas y rasga mi cara y mis manos, como si cuchillas flotasen en él. Los árboles parecen danzar una marcha fúnebre sobre mi cabeza, sus ramas atraviesan la niebla silbando, como látigos ejecutores de justicia.
Poco a poco algo en mí se va perdiendo, la alegría, la inocencia de cuando fui niño... quedan prendidas de los espinos que bordean mi senda. Entonces me paro, miro atrás y alzo la vista para darme cuenta de que el camino cada vez es más oscuro, pero no puedo retroceder, algo me lo impide, solo puedo agachar la cabeza y continuar caminando...
Y eso hice, hasta que en una orilla de la senda una rosa negra parecía levitar sobre el suelo de cenizas. A pesar de su mugriento aspecto me hacía sentir bien... podía sentir su calor dentro de mí. Miré alrededor aún sabiendo que nadie podía verme y estiré mi mano para palpar aquella etérea imagen. Entonces sus escamosos pétalos, similares a las cenizas de un libro en blanco se estremecieron y dejaron a la vista unos carnosos pétalos rojos. Su esencia era de otro mundo, el camino de color gris se había llenado de color por una triste rosa...
Cuando miré mi mano ví que sangraba, y que el tallo de la rosa se estaba enredando en mi brazo. Me libré de ella y sus espinas rasgaron mi piel como los dientes de una cobra. Me quedé observándola, triste por no poder tenerla conmigo y allí me quedé, sentado frente a ella, viendo como cada vez parecía más lejana. Poco a poco volvió a tornarse gris, pero esta vez parecía débil... y bastó una suave brisa para que volase en mil pedazos por el aire...
Había perdido tiempo, y el camino aún aguardaba, así que resignado seguí caminando, y de nuevo el eco de mis pasos volvieron a ser mi compañía... pero entonces caí en la cuenta de que eran los únicos que realmente estaban a mi lado... olvidando aquella rosa, bella en un principio, mortal en su esencia...
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